Amor de la Madre

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El amor de la madre física nos muestra el amor de la Madre celestial y cuando llegamos a comprender el amor de Dios, podemos llevar una vida de gozo y glorificar a Dios en todo momento. De igual manera, cuando comprendemos el amor de nuestra Madre celestial y la voluntad de nuestro Padre, guiaremos a todos nuestros hermanos perdidos a Sion.

El amor y sacrificio interminables de la Madre

Existe una historia que nos da cuenta de que, vivía una mujer cuya hijo sufría de una grave enfermedad; durante varios días, se dedicaba enteramente a cuidar de él.

Un día, un viajero llegó a su casa y le pidió un vaso de agua, mientras ella entró a la cocina para prepararle algo de comer y beber, el viajero se llevó a su amado hijo.

En medio del profundo dolor, la madre empezó a buscarlo incansablemente; con un ardiente deseo de encontrar a su hijo perdido, se cayó en un gran lago; la madre entregó sus ojos para salir de aquel lago.

Sin ver nada, resbaló, cayendo en un profundo valle, donde había un zarzal; con el cuerpo desgarrado y lleno de sangre abrazó al zarzal y entregó su cálido corazón; las espinas pinchaban su cuerpo y su sangre goteaba; no obstante, la madre apretó los espinos contra su pecho para descongelarlos y librarse de ellos y buscar a su hijo.

Con el cuerpo rasgado y herido continuó buscando a su hijo y llegó a un cementerio, donde entregó su belleza y juventud a la diosa del cementerio para que pueda continuar su camino, ella perdió fuerzas y su cuerpo se encorvó. Así después de sacrificarse, la madre pudo encontrar a su amado hijo, a quien tanto había buscado.

A través de esta antigua historia podemos comprender el inmenso amor de una madre, que sacrifica todo por sus amados hijos.

El amor de la Madre llena todas las cosas que Dios ha creado

Todos los hombres llegan a aprender y comprender el amor cuando lo ven en sus madres. Esto hace que no puedan dejar de amarlas.

Nuestro Padre y nuestra Madre espirituales siempre están con nosotros y nos aman incansablemente. Si no comprendamos su amor, no seremos capaces de predicar su amor a los demás, ni podremos seguir el camino del sacrificio hasta el final.

El nuevo pacto concentra el amor de Dios, y sin precio nuestra Madre nos da su amor sacrificado. Si comprendemos este amor sin condiciones llegaremos al nuevo pacto. Dios nos hace conocer el amor de nuestra Madre del cielo a través del amor de los padres físicos.

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas hechas, […]” Ro. 1: 18-20

“[…] porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” Ap. 4: 10-11

Cuando Dios creó todas las cosas, las hizo por su voluntad. Entonces, ¿por qué una madre está llena de amor? ¿Por qué una madre se dedica a sus hijos y se sacrifica por ellos? ¿Con qué voluntad Dios creó a una Madre?

La madre es quien entrega sus ojos y su juventud para buscar a sus hijos perdidos. A través del amor sacrificado de nuestras madres terrenales, podemos ver cuánto nos ama nuestra Madre espiritual.

Aunque un hijo diga que pueda entregar su juventud y arrancarse los ojos por su madre, si la situación llegara a suceder, no lo haría realmente.

Los apóstoles decían entregar su vida por Dios, pero cuando estuvieron frente a esa situación negaron a Jesús y lo abandonaron.

“Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche […]. Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no […] Mas él [Pedro] con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. […] Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” Mr. 14:27-50

Esta es la manera de actuar de los hijos, hasta de los más consagrados a sus padres. Sin embargo, los padres, poseen un amor tan dedicado, que incluso entregan la vida por sus hijos.

Nuestra Madre, dejando el glorioso trono del cielo vino a esta tierra y entregó su amor tan dedicado; si comprendemos el amor y el sacrificio de Madre Celestial, los celos y las contiendas entre nosotros desaparecerán y alcanzaremos una gran fe.

La Madre ha venido para salvar a sus hijos que viven vanamente

Cuando un hombre muere, lo único que deja es un puñado de cenizas después de haber trabajado con tanto sacrificio. Dios nos recalca la vanidad de las cosas a través de la Biblia; entonces, ¿será apropiado que gastemos nuestra vida luchando por las cosas vanas de esta vida, que perecerá y se reducirá a cenizas?

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? […] no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. […] Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” Is. 53: 1-9

Nuestro Padre y nuestra Madre vinieron a esta tierra con una apariencia que hace que la gente no los desee. Ellos dieron su juventud y belleza por sus hijos perdidos. La apariencia de nuestra Madre, que está ahora con nosotros, es como el aspecto de la madre que entregó toda su belleza y juventud a la diosa del cementerio.

Por el amor y sacrificio de nuestra Madre, ahora estamos viviendo con una verdadera y preciosa esperanza y con alegría, mientras que la mayoría de las personas de este mundo viven sin esperanza.

El significado de la purificación con el sacrificio de una vaca

En los tiempos del Antiguo Testamento todos los sacrificios representan a nuestro Padre, quien hace dos mil años, fue sacrificado como una ofrenda por el pecado, y también nuestra Madre que, en esta época, se está sacrificando para salvar a sus hijos con su amor dedicado.

Desde el Antiguo Testamento, Dios nos dio las reglas de los cultos del tercer día y el día de reposo.

“Di a los hijos de Israel que traigan una vaca alazana, perfecta, el la cual no haya falta, sobre la cual no haya puesto yugo; y le daréis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campamento =, y la hará degollar en su presencia. Y Eleazar el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará la parte delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete veces; y hará quemar la vaca ante sus ojos […]. Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el agua de purificación; es una expiación. […]” Nm 19: 1-21

En el Antiguo Testamento, el pueblo hacía distinción entre machos y hembras al momento de sacrificar animales como ofrendas de expiación por el pecado u holocaustos. El libro de Números pone énfasis en una vaca, la cual tenía que ser quemada incluso su cuero,su carne, su sangre y su estiércol.sus cenizas eran usadas para preparar el agua de la purificación de las impurezas de todos los israelitas.

Entonces, ¿a quién representa la vaca? La vaca es un sacrificio que representa a nuestra Madre, quien ha venido a esta tierra como la Esposa del Espíritu, los hijos de Dios son purificados con el sacrificio de la Madre en el tercer y séptimo días.

Entendamos el corazón de la Madre

Dios, Rey de reyes y Señor de señores, es digno de recibir la gloria y la honra de parte de todos los hombres y los seres espirituales; sin embargo, nuestro Dios vino a buscar a sus hijos perdidos. No debemos olvidar este sacrificio y amor de Dios.

Nuestra Madre celestial soporta el dolor, lo cual sus hijos siguen dándole. Ahora nosotros debemos retribuir todo por el amor y sacrificio de nuestra Madre celestial, dándole gracias a través de los cultos del tercer día y del Día de Reposo.

Somos purificados por el sacrificio de nuestra Madre, quien fue herida por nuestras rebeliones, y por su llaga fuimos curados.

Nuestra Madre nos da su amor sin condiciones ni precio de nosotros. Por ello, debemos comprender el gran sacrificio y amor de la Madre y poner su infinito amor en práctica.

Busquemos de prisa a todos nuestros hermanos y hermanas perdidos para que nuestra Madre se vuelva vestir su gloria y que se siente en su glorioso trono.

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