La existencia de Dios Madre y el verdadero amor

19 de Enero de 2024
La existencia de Dios Madre y el verdadero amor

¿Alguna vez se ha preguntado de dónde se origina el amor de las madres hacia sus criaturas? Proviene del verdadero amor de Dios Madre.

Dios es amor (1 Juan 4:8) y nos dio la verdad del nuevo pacto con su sacrificio mostrándonos a la que nos da la vida eterna para ir al reino de los cielos. Asimismo, nos hace comprender el verdadero amor de la Madre celestial que se refleja como una sombra en la creación.

La promesa dada por Dios, la vida eterna

La Biblia, que fue escrita desde hace más de 3500 años, registra una hermosa promesa que Dios ha hecho con nosotros desde el principio:

Gálatas 4:28 “Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa”

¿Qué significa que “somos hijos de la promesa”? Significa que hemos recibido una promesa, un regalo de Dios. Entonces, ¿qué promesa nos ha dado Dios?:

1 Juan 2:25 “Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna”

La Biblia testifica que después de la muerte, Dios nos permite vivir para siempre en el cielo. Entonces, desde ahora estudiemos cómo nos es dada la vida eterna que Dios nos ha prometido.

La voluntad y el amor de Dios se refleja en su creación

Nada en la creación de Dios ha sido hecho sin ninguna razón, en realidad todo tiene una voluntad y en las criaturas de su creación se puede comprender un gran misterio de la Biblia para la salvación de su pueblo en esta última época:

Apocalipsis 4:11 “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

La Biblia muestra que la creación de Dios contiene su voluntad. Entre las cosas creadas pensemos en la vida. Para que una criatura tenga vida en esta tierra, debe existir un padre y una madre que dan vida a los hijos. Finalmente, la función de dar a luz es de una madre.

Entonces, ¿por qué Dios creó a las madres de sus criaturas? Es para mostrarnos que así como la vida física nos es dada por nuestras madres físicas, la promesa de Dios que es la vida eterna, es dada por nuestra Madre espiritual heredando así la vida eterna en el reino de los cielos:

Hebreos 8:5 “los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.”

Asimismo, está escrito que el sistema terrenal es una figura y sombra del sistema celestial que es la realidad. Dios nos muestra cómo es el sistema real del cielo a través de las cosas creadas en la tierra como una copia. Incluso, el amor infinito de la Madre celestial se ve reflejado en el amor que transmiten las madres de la tierra. La vida de una madre es dar todo para sus hijos. Una madre lo da todo, incluso el tuétano de sus huesos en su gestación, al dar a luz con insoportables dolores y dando todo en la crianza de su hijo. Este amor y sacrificio de las madres, que incluso nos conmueve aun más en los animales proviene de la naturaleza espiritual de nuestra Madre celestial.

Las escrituras dan testimonio de la Madre espiritual

Hasta el momento, conocimos que debe existir sin duda alguna la Madre espiritual mostrada por Dios en sus criaturas. Ahora, confirmemos su existencia por medio de la Biblia:

Génesis 1:26 – 27 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (…). Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. Estas palabras están escritas en plural y no en singular. Por lo que Dios no estaba solo cuando creaba al hombre; de lo contrario, debió decir: “Haré al hombre a mi imagen”.

Entonces, ¿con quién estaba Dios creando al hombre? Hasta ahora hemos conocido solo la existencia de un solo Dios, el Dios de imagen masculina a quien llamamos “Dios Padre”. Sin embargo desde el principio eran dos los creadores; un Dios que tiene la imagen masculina por el cual salió la imagen del varón en la creación, y otro Dios que tiene la imagen femenina por el cual salió la mujer. Entonces, ¿cómo debemos llamar a la imagen femenina de Dios? Naturalmente debemos llamarla “Dios Madre”. Por eso, no solo debemos creer en Dios Padre, sino también en Dios Madre testificados en la Biblia.

La vida eterna dada por la Madre Celestial

Hace dos mil años Jesús mismo enseñó que la vida eterna, que Dios nos prometió desde el principio, sería dada por medio de la Madre celestial. Con respecto a esto dijo lo siguiente:

Juan 6:39 “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Cuándo dijo Jesús que nos resucitará? Nos resucitaría en el día postrero, esto es, dar la vida eterna en los últimos días.  En el siguiente versículo repitió lo mismo:

Juan 6:40 “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postero.”

Jesús dijo que resucitaría en el día postrero.

Juan 6:44 “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Por tercera vez repitió que daría la vida eterna en el día postrero.

Juan 6:54 “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Jesús enfatizó repetidas veces que daría la vida eterna en el día postrero. Aunque él vino como el salvador, en ese momento bien pudo resucitarlos; sin embargo, postergó el hecho de dar la vida hasta el último día. ¿Cuál es la razón? Es porque según lo profetizado, quien debe aparecer en los últimos días para dar la salvación es nuestra Madre espiritual.

Nuestro Dios estableció un plan perfecto que es la administración de Dios para la salvación de la humanidad dándonos a conocer la profecía de la creación de seis días:

Es por ello, que Dios creó a Eva en el día sexto con un propósito, para hacernos entender que la Eva espiritual, Dios Madre, debe aparecer al finalizar la obra de salvación de Dios de seis mil años, para dar la vida eterna a sus hijos, su verdadero amor a través de su carne y su sangre, la Pascua del nuevo pacto. (Mateo 26:26-28)

La Jerusalén celestial aparece en el día postrero

A partir de ahora averigüemos sobre la aparición de la Madre espiritual en los últimos días:

Apocalipsis 19:7 “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado.”

Ésta es la profecía sobre “las bodas del Cordero”. El Cordero representa a Jesús, pero no a Jesús en su primera venida, ya que en ese tiempo Él apareció solo; sino a Jesús en su segunda venida que ha de venir en la última época junto con la esposa:

Apocalipsis 21:9-10 “Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del cordero. (…), y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,”

El ángel prometió a Juan que le mostraría a la Esposa del Cordero. Finalmente le mostró como Esposa a la Jerusalén celestial. Entonces, ¿quién será la Jerusalén celestial para nosotros?. El apóstol Pablo dijo lo siguiente:

Gálatas 4:26 “Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.”

La Biblia testifica que, “la Jerusalén de arriba”, que fue mostrada como la esposa de Dios en Apocalipsis, es Madre de todos nosotros. Y está escrito que “nosotros” los santos somos hijos de la promesa:

Gálatas 4:28 “Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. (…) De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.”

La promesa de la vida eterna que Dios nos prometió desde el principio es dada por nuestra Madre Jerusalén. Ya que somo hijos de la que nos da la vida, la llamamos Dios Madre.

Los hijos que comprenden el amor y sacrificio de la Madre celestial

La Madre celestial nos da la vida eterna con dolores que soporta secretamente. Por ello, Dios da sus bendiciones a aquellos que comprenden el amor sacrificado de la Madre Celestial:

Isaías 60:21-22 “Tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; (…). El pequeño vendrá a ser mil, el menor un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”

La profecía de Isaías 60 canta la gloria de Jerusalén que ha de aparecer en los últimos días. Dios bendice a aquellos que sirvan a Jerusalén y muestran su luz al mundo entero:

Isaías 62:6-7 “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.”

La Biblia nos pide con insistencia que no desistamos en expandir la gloria de Jerusalén. Si comprendemos el sacrificio, amor y los sufrimientos ilimitados de la Madre celestial que solo vive para sus hijos, debemos proclamar su gloria al mundo entero.

Dios Madre está dando la salvación a todos los que la reciben. Mientras estamos en esta tierra llena de sufrimientos y dolores, el amor de la Madre celestial obra en nosotros y hace que cuidemos de los demás, corregir nuestros pensamientos equivocados y ayudar al que se extravía en el camino a fin de entrar al eterno reino de los cielos.

Conozca y reciba a la Madre celestial quien tiene el amor que cambia al mundo y nos bendice con la vida eterna en la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial, participando de la Pascua del nuevo pacto. De esta manera, deseamos que viva con la esperanza en el reino de los cielos que está muy cerca.