¡El Mañana No Espera, Siga a Dios Hoy!

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Generalmente las personas suelen aplazar su acercamiento a Dios con diferentes excusas a pesar de que reconozcan la necesidad de hacerlo y estar cerca de Él. Recuerde ¡el mañana no espera, siga a Dios Hoy!

Hace un tiempo atrás hubo un terremoto fortísimo en Indonesia que ocasionó la muerte de cinco mil personas y muchos damnificados. Esto sucedió en la madrugada, en la cual las personas estaban durmiendo. Esas personas que murieron habían tenido muchos planes y metas a futuro. Pero, todo ellos nunca vieron el día de mañana.

El mañana no espera

Cuando se toma alguna decisión, ejecutarla de forma inmediata sería lo más sensato, sin la necesidad de aplazarlo. Incluso la Biblia recomienda esto.

Pr. 27:1 “No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día.”

En realidad, las personas no pueden prometer realizar alguna actividad destinada para “mañana” porque puede ocurrir muchos accidentes, desastres naturales, enfermedades y muchas otras cosas que ocurren en segundos. Siguiendo esta línea, Jesús también enseñó una parábola que describe esta situación.

Lc. 12:16-21 “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”

La duración de la vida es limitada y corta. Además, no se debe olvidar que quien controla la vida y la muerte es Dios. Eso permite comprender que hay algo muy importante que los seres humanos deben obtener. Esto es la salvación. Por eso, Dios ha venido a la tierra para guiar a las personas, que solo ven lo temporal, al reino de los cielos. Y ya que el mañana no espera debe seguir a Dios hoy.

El pueblo de Dios le teme y guarda sus mandamientos

Los seres humanos están en esta tierra para lograr resarcirse de los pecados cometidos en el cielo; por ello, no se debe gastar el tiempo en los deseos pecaminosos, sino llevar una vida fiel comprendiendo el gran deber que se tiene.

Ec. 12:13 “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”

El deber de todo hombre es “temer a Dios y guardar sus mandamientos” en consecuencia, siempre se debe de pensar cómo lograr realizar a cabalidad dichos asuntos. Por otro lado, Dios mostró al apóstol Juan el pueblo que sería salvo.

Ap. 14:1-4 “Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;”

La Biblia describe que los 144 mil de pie sobre el monte de Sion son el santo pueblo que no se conforma con las cosas del mundo, sino que siguen a Dios por dondequiera que va.

Sal. 24:3-4 “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.”

Aquellos que no han elevado su alma a cosas vanas son los 144 mil de pie sobre el monte de Sion. Una vez más se confirma que ellos son los que no persiguen los deseos pecaminosos de la carne. Entonces, los que guardan las fiestas solemnes de Dios (son los que moran en Sion) no deben buscar la falsedad, sino vivir para la salvación de las almas como Dios desea que se haga. La meta del pueblo de Dios que reúne tales características no es corromperse con las cosas mundanas ni con la gloria del mundo, sino temer reverentemente a Dios y guardar sus mandamientos.

De ahora en adelante lo más sensato es poner en práctica la palabra de Dios y comenzar hoy, y no mañana. Puesto que Dios se complace con las acciones inmediatas, y también quiere que se bauticen (lo cual es el primer paso para la salvación) apenas entiendan la verdad.

¿Me amas? Apacienta mis ovejas

Entre tantas cosas que Dios ha pedido que su pueblo realice, hay algo que es fundamental realizar ahora.

Jn. 21:15-17 “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”

Lo primero que Jesús le pidió a Pedro fue encontrar a los corderos de Dios y el segundo y tercer pedidos también fueron apacentar sus ovejas. Esta es realmente la ansiosa petición que Dios ha encomendado a todos aquellos que lo aman.

En esta época del Espíritu Santo se debe compartir la verdad con todas las personas del mundo y apacentarlos con las palabras de Dios.

Mt. 28:18-20 “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

En la obra de la predicación de la palabra de Dios a todas las personas del mundo, los que se jactan del día de mañana nunca tendrán oportunidad de cumplir su voluntad. Ya que el tiempo no espera, todos deben de participar en la obra de salvar almas. Por ello, se debe pensar en cómo guiar esas almas a la verdad y la salvación. Si se logran unir todos los corazones y oraciones, sin falta esta obra será exitosa.

Desechar el pensamiento de que “se hará mañana” logrará que se trabaje más diligentemente hoy y recuerde: “¡El mañana no espera, siga a Dios Hoy!”

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