La Paga del Pecado es Muerte

La-paga-del-pecado-es-muerte

En la Biblia está escrito que todos merecemos la muerte por pecar. La gente incrédula se queja porque siempre escucha que somos pecadores. Pero todas las personas son básicamente pecadoras.

Creemos en Dios. Le agradecemos por salvarnos de la muerte que nos esperaba por nuestros pecados. Nosotros no comprendemos profundamente qué clase de los pecadores cometimos y por eso no alcanzamos el completo arrepentimiento. Debido a que cometimos un pecado muy grave debemos reflexionar sobre la graciosa salvación de Dios.

Los hijos celestiales que pecaron

La Biblia enseña que en un principio éramos ángeles del cielo. ¿Qué nos sucedió para que Cristo viniera a esta tierra a pedirnos que nos arrepintiéramos? Pensemos en el cielo y entendamos la voluntad de Dios.

Pr. 8:22-31 “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. […] Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”.

Salomón escribió que si mismo ya existía como un ser angelical antes de venir a la tierra. Él vivía en el cielo. Todos los hombres éramos ángeles en el cielo igual que él ¿Entonces cuál es la razón por la que vinimos a esta tierra para vivir con mucho dolor? Cristo nos dijo “arrepentíos” porque en el cielo cometimos algo que necesita arrepentimiento.

1 Jn. 1:8-10 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros…”.

¿Qué pecado cometimos para ser arrojados a la tierra? Necesitamos saber la gravedad de nuestro pecado.

El pecado que cometimos en el Cielo

La Biblia nos enseña sobre un rey de Babilonia y Tiro que eran ángeles como todos nosotros antes de venir a esta tierra.

Is. 14:4, 12-15 “pronunciarás este proverbio contra el rey de Babilonia, […] ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono”.

Ez. 28:11-17 “Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro […] En Edén, en el huerto de Dios estuviste […] Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra…”.

Podemos ver que los ángeles pecaron al tratar de levantar su trono en el cielo y fueron castigados. Mediante estos dos casos Dios nos muestra la gravedad del pecado que cometimos en el cielo.

Is. 59:1-3 “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios…”.

Por nuestra soberbia traicionamos a Dios en el cielo y fuimos expulsados. Por este grave pecado vivimos en esta tierra con mucho dolor y finalmente morimos. Pensemos en la intensidad de nuestro pecado.

La paga del pecado es muerte

Aparentemente somos libres en esta tierra. Pero, no es así. Somos pecadores condenados a la muerte eterna.

Ro. 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte”.

En este mundo no se impone la pena de muerte por delitos menores. Ya que la paga del pecado es la muerte, podemos comprender que nuestro pecado fue muy grave. Fácilmente olvidamos que somos graves pecadores en esta tierra. por eso, Cristo nos dijo que nos arrepintamos para que entendamos que somos pecadores.

Un documental muestra que los prisioneros condenados a muerte viven con mucha ansiedad y temor cada día pensando que serán ejecutados en cualquier momento. Ellos dicen que pagarían de cualquier forma y tolerarían cualquier cosa durante toda su vida para ser perdonados.

Si somos soberbio, aún no comprendemos quiénes somos. Cuando Dios nos salvó de la muerte, nos dijo que seamos humildes y sirvamos a los demás. Estamos obligados a hacerlo porque él perdonó nuestros pecados por su gran amor.

La gracia de Dios que ha expiado el pecado que nos llevaba a la muerte

En el cielo la expiación de nuestro pecado con la muerte era una ley. Por eso nuestros Padres Celestiales pagaron por nosotros soportando toda clase de sufrimientos.

Is. 53:1-6 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; […] Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. […] mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Hemos sido redimidos del pecado por un alto precio; nuestro Padre y nuestra Madre han pagado por nuestras iniquidades con mucho sufrimiento para salvarnos. Dios estableció la Pascua haciéndonos comer su carne y beber su sangre para que no olvidemos su sacrificio.

Jn. 6:53-57 “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”.

Mt. 26:17-19, 26-28 “Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. […] Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

La Pascua contiene el amor de Dios que entregó su cuerpo para nuestra salvación. También contiene el mandamiento de recordar su amor y no volver a pecar. En cada Pascua nos alegramos de recibir la vida eterna comiendo el pan y el vino. Somos los peores pecadores del universo que tenemos que comer la carne y la sangre de nuestros Padres para poder vivir. Pero, ellos se complacen con lo que nos arrepintamos y no pequemos más.

En la Pascua debemos recordar que nuestros Padres nos dieron su carne y sangre que únicamente podían salvarnos de nuestro pecado tan grave. Debemos agradecerles por su sacrificio. Haciendo así, habremos comprendido la verdad del Nuevo Pacto.

Lleven una vida de purificación comprendiendo el verdadero significado del Nuevo Pacto

Dios nos dijo: “Sírvanse mutuamente, sean humildes y prediquen fervientemente”. Hay una razón por la que nos dijo esto. No hay nada que los condenados a muerte no puedan hacer si van a ser perdonados, por más difícil que sea. Por eso necesitamos arrepentirnos constante y desesperadamente.

Muchos cristianos no saben qué clase de pecadores hicieron y por eso pecan repetidamente. Nosotros no debemos ser así. Pecamos en el cielo y todo lo que tenemos que hacer es vivir con mucho arrepentimiento. Entendiendo que Cristo murió por nosotros, Pablo comprendió que nada podía separarnos de su amor.

Ro. 8:31-39 “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Pablo se sometía a la palabra de Dios cada día y predicaba el evangelio a pesar de todos los peligros con la determinación de que solo vivía para Dios. Cuando entendió el gran amor de Dios, no dejaba de estar gozoso y agradecido.

Recordemos de que  merecíamos la muerte. Lo más agradable para Dios es que comprendamos su profundo amor que perdonó nuestros pecados y prediquemos el Nuevo Pacto guiando a las personas al Reino de los cielos enseñándoles a arrepentirse. Por esta razón predicamos el Nuevo Pacto. Comprendiendo el Nuevo Pacto debemos agradar a nuestro Padre y nuestra Madre practicando ese amor y devoción.

Los ciento cuarenta y cuatro mil siguen al Cordero por donde quiera que va. Lo hacen porque comprenden que él ha perdonado de su pecado, por lo que condenaba a la muerte. Necesitamos entender la gravedad de nuestro pecado y llegar al perfecto arrepentimiento, obedeciendo todo lo que Dios nos mandó. Deseo que prediquen el Nuevo Pacto al mundo entero y participen juntos en la gran obra de la salvación de Dios.