Gócense en Dios

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Gócense en Dios y Él permanecerá en ustedes. A nuestro alrededor, hay muchas cosas que Dios nos permite tener por las que podemos sentir gozo y regocijo; por ejemplo: el aire fresco, el agua, los pastos verdes, las estaciones, etc. Por esta razón, el gozo y la gratitud son virtudes que deben poseer los verdaderos cristianos.

“[…] Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. […]”

1 Tesalonicenses 5:14-22

Debemos estar siempre gozosos porque Dios, quien nos ama más que a su propia vida y se sacrificó por nosotros, siempre está protegiéndonos.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Juan 3:16-17

Gócense siempre en Dios

Si comprendemos el gran amor de Dios, podremos estar gozosos y agradecidos con Él en cualquier circunstancia. Siempre debemos dar gracias a Dios por permitirnos el derecho de ser hijos de Dios, en lugar de llevar el resto de nuestras vidas con murmuraciones y quejas, sin tomar en cuenta los miles de regalos que Dios está concediéndonos diariamente.

“[…] Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento. Y las ovejas sean quitadas de la majada. Y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová. Y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

Habacuc 3:16-18

Somos los más ricos y felices del mundo, pues Dios, el Dueño del universo, está con nosotros y nos permite el tesoro celestial. Cuando olvidamos el hecho de que Dios está con nosotros, el gozo desaparece y podríamos quejarnos. Nosotros, los hijos de Dios, tenemos que comprender el amor de Dios y llevar una vida gozosa y agradecida en cualquier circunstancia.

Gócense en Dios incluso en los momentos difíciles

Dios nos permite atravesar momentos difíciles y experimentar muchos sentimientos en la vida: gozo, ira, aflicción y placer. El gozo que produce un día limpio y claro es doble, porque existe también un día oscuro y nublado. A través, de los trabajos que experimentamos al recorrer el camino del evangelio, Dios nos permite el gozo del eterno reposo. Y por medio de las enfermedades y la muerte, nos permite el gozo de la salud y la vida eterna. Si comprendemos esta voluntad de Dios, nos sentiremos gozosos y agradecidos en cualquier circunstancia.

Al caminar en el desierto de la fe, enfrentamos muchos obstáculos. Pero si abrimos nuestros ojos espirituales y miramos más allá de estas cosas, pronto nos daremos cuenta de que tenemos que dar gracias en todo.

Bendición y gozo después del proceso de refinamiento

A veces Dios nos refina con tareas duras y dolorosas, porque espera que nazcamos de nuevo como nuevos seres perfectos que heredarán el reino de los cielos. Si consideramos esta providencia de Dios, podremos darnos cuenta de que las tribulaciones y sufrimientos que enfrentamos son el amor de Dios que nos quiere dar bendición y salvación.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

Romanos 8:16-18
Dios se siente abatido cuando somos ridiculizados y despreciados por predicar el evangelio. Sin embargo, espera que nuestra fe sea refinada y brille como el oro puro mediante las aflicciones. Nuestros sufrimientos presentes son temporales, pero la gloria que Dios nos dará en el cielo es eterna.

Una vida digna de un cristiano

La mayor recompensa que podemos dar a Dios es despojarnos de nuestra naturaleza pecadora y transformamos en hermosos ángeles encontrando a todos nuestros hermanos y hermanas perdidos del cielo, tan pronto como sea posible.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. […] Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno […]”
Colosenses 3:1-10
Aunque hemos murmurado y nos hemos quejado en el pasado, ahora tenemos que perseguir y admirar las cosas de arriba como nuevas criaturas de Dios. Empecemos a practicar el amor fraternal que Dios nos enseña.
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a asimismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. […] Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, si no más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto. […] Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”
Efesios 5:1-17
No olvidemos la existencia de Dios, quien siempre está con nosotros y obra en nosotros. No hay dolor, ni aflicción, ni sufrimiento en el hogar al que regresaremos; por esta razón, venzamos todas las dificultades y aflicciones, entendiendo la providencia de Dios, quien quiere que participemos en la gloria y en las bendiciones del cielo. Cosechemos con cánticos de gozo aun en las pruebas, agitando la bandera del gozo. Gócense en Dios y Él permanecerá en ustedes.