Según la Palabra de Dios

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Los verdaderos cristianos siempre viven según la palabra de Dios. Si recorremos el camino que Dios nos ha mostrado, hallaremos la vida eterna, salvación y el cielo al final de camino. Debemos ser obedientes, así como Cristo vivió hasta su muerte según la palabra de Dios.

“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.”

Hebreos 5:8-10

Nadie puede llegar a ser perfecto sin una absoluta obediencia a Dios. Jesús fue perfeccionado por su obediencia a Dios, hasta la muerte. Por esta razón, la Biblia dice que Cristo vino a ser autor de eterna salvación.

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.[…] Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor […]”

Filipenses 2:5-12

Si nos apoyamos en nuestras propias fuerzas y habilidades en lugar de obedecer la palabra de Dios, no tendremos recompensa de Dios aunque nos ocupemos con esmero en las cosas del mundo. Dios ama a los que lo obedecen completamente, como Cristo. El que obedece completamente la voluntad de Dios tiene una fe ardiente y no cae en tentación; en cambio, un corazón de desobediencia nos hace tener deseos mundanos y dejar de tener esperanza celestial, por esta razón, debemos ser obedientes siguiendo el ejemplo de Jesús para alcanzar la salvación.

“En tu Palabra echaré la Red”

“Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. […] Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.[…]”

Lucas 5:1-11

Pedro respondió a la palabra de Dios que había venido en la carne, y lo obedeció. Como resultado, fue bendecido enormemente. Dios mismo dijo: “Echad vuestra red para pescar”, estas palabras de Dios no estaban escritas en el Antiguo Testamento, que eran las únicas escrituras en ese entonces. No obstante, Pedro confió en la palabra de Jesús y fue muy bendecido. Obedeciendo un solo mandamiento de Dios, Pedro, Jacobo y Juan fueron capaces de pescar muchos más peces de los que habían pescado en años con sus habilidades y experiencia, y ese solo acto de obediencia les permitió tomar la decisión de seguir el camino de Cristo.

Así como Dios vino en la carne hace dos mil años, del mismo modo Dios Elohim ha venido en la carne y está con nosotros en estos días. Sin embargo, muchas veces descuidamos las palabras que salen directamente de Dios en la carne, por confiar solo en las palabras escritas en la Biblia.

Sin obediencia a la palabra de Dios, no podemos obtener nada. La obediencia es preciosa para Dios; por ello, la fe sin obediencia es inútil. Pero, a veces, se nos hace muy difícil obedecer, porque confiamos en nuestros propios pensamientos en lugar de confiar en Dios.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos[…]”

Isaías 55:6-11

La razón por la que dejamos de obedecer es que confiamos en nuestros pensamientos, sabiduría y experiencia. Cuando Dios nos dice algo, debemos olvidar nuestros pensamientos y hacer su petición, sin dudar, como Pedro. Si alguno duda de obedecer la palabra de Dios, es una prueba de que no tiene una fe absoluta en Dios.

¿Cómo obtendremos la salvación?

Los hombres son ciegos, ya que somos incapaces de prever acontecimientos futuros, pero Dios nos conoce desde antes del principio del mundo, y nos guia al eterno reino de los cielos. Solo Dios nos indica el camino a la vida eterna mediante sus palabras. Los que no vivan según la palabra de Dios, caerán a la final. Dios no hace quitarnos la libertad, sino para guiarnos a nuestro hogar espiritual mostrándonos los peligros que están delante de nosotros. Dando gracias por el amor de Dios, debemos obedecer su palabra con fe firme, para que podamos volver al cielo.

“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”

Romanos 5:17-19

La obediencia de uno puede salvar a muchos y la desobediencia de uno puede herir a muchas almas. La desobediencia de uno puede ocasionar el mismo resultado que la desobediencia de Adán y la obediencia de uno puede obtener un resultado tan brillante como el de Jesucristo. Todo lo que dice Dios Elohim, el Espíritu y la Esposa, es el camino a la salvación. Creyendo en esto, debemos obedecer siempre lo que nos digan que hagamos.

Los apóstoles practicaron una obediencia absoluta a la palabra de Jesús; por ello, obtuvieron la salvación.

“[…] Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames
tú común.[…]”

Hechos 10:9-16

En el Antiguo Testamento había una distinción entre los animales limpios e inmundos. Pedro no comía animales inmundos, pero Dios le dijo que cambiara su costumbre con respecto a la comida, costumbre que había guardado por décadas. Entonces Pedro al principio insistió en su propia opinión, pero finalmente obedeció.

Al mencionar el asunto de la comida, Dios le quería enseñar a Pedro que el evangelio tenía que ser predicado no solo a los judíos, sino también a los gentiles. Al igual que Pedro, nosotros tenemos que vivir según la palabra de Dios con fe obediente, en lugar de insistir obstinadamente en nuestra propia opinión comprendiendo que la palabra de Dios está por encima de la ley.

Teniendo en cuenta que, como los cielos son más altos de la tierra, así los pensamientos de Dios son más altos que nuestros pensamientos, debemos seguir la voluntad de Dios que es más alta que los cielos. Cuando Dios dijo a Pedro que bogara mar adentro y echara red para pescar, parecía algo simple y ordinario; sin embargo, cuando él obedeció su palabra, obtuvo un buen resultado. Sigamos obedientemente a Dios Elohim, el Espíritu y la Esposa, que van delante de nosotros y vivamos según la palabra de Dios.

Como el pueblo de Dios llegó a ser testigos de Jehová, en la época del Padre, y testigos de Jesús, en la época del Hijo, así nosotros debemos ser testigos de Dios Elohim en esta época. Guiemos a todo el mundo a la salvación enseñándoles la importancia de vivir según la palabra de Dios, siendo perfectos como hijos de obediencia, y entremos juntos en el eterno reino de los cielos.